|
Número uno, reconozca y admita que el chisme es pecado. No hace falta ser un genio para determinar que Dios, cataloga al chisme como pecado. Por algo, dice la Biblia, no andarás chismeando, entre tu pueblo. No excuse su pecado de chismear, no lo disfrace diciendo que sus chismes son inocentes y que jamás ha intentado causar daño a alguien con sus chismes. No olvide, que aunque usted no quiera hacerlo, todo chisme tiene el efecto de indisponer a unos en contra de otros.
Número dos, confiese a Dios el pecado del chisme. Confesar, significa ponerse de acuerdo con alguien. Cuando confiese a Dios el pecado del chisme, Usted se estará poniendo de acuerdo con Dios en que es chismoso y que su chisme atenta contra Dios y contra el prójimo. No se vaya por la tangente justificando su chisme con cosas como: Es que no puedo evitarlo, o es que yo no divulgo chismes, sino solamente los escucho, o ¿qué puedo hacer si alguien viene y me cuenta un chisme?
Número tres, evite contar algo negativo sobre alguien cuando ese alguien no está presente. Si lo hace, estará chismeando. Número cuatro, cuando alguien venga a Usted con un chisme, de una forma muy amable, dígale: ¿Estaría dispuesto a decirme lo mismo que me está diciendo si la persona de quien me está hablando estaría aquí presente? Usted no se imagina como algo tan sencillo como esto es un efectivo cuchillo para cortar de un tajo los chismes.
|